Mesopotamia, el “País de los Dos Ríos”, cuna de la civilización moderna y en estos momentos escenario de probablemente tantos conflictos como grupos étnicos, facciones religiosas y Estados nacionales existen en la zona: rebeldes contra Estados, suníes contra chiíes, turcos contra kurdos, yihadistas contra lugareños, ecologistas contra gobiernos y Estados que compiten entre sí por el control de los recursos naturales de la región. Cuando se considera en general que el petróleo es una de las principales causas de la inestabilidad de la región –en particular porque atrajo a la región a potencias imperialistas que apoyaron con avidez a dictadores locales con el fin de asegurarse el acceso continuo e ilimitado al preciado líquido–, a menudo se pasa por alto otra fuente de conflicto potencial: el agua, la principal fuente de vida en las áridas zonas desérticas de Oriente Medio. El agua, que favoreció el desarrollo de las primeras civilizaciones del mundo en las fértiles llanuras situadas entre los ríos Éufrates y Tigris, es un bien cada vez más escaso, y la lucha por asegurarse una parte suficiente de ella se agudiza de día en día.

El agua fluye. De las montañas al mar. Indiferente ante las fronteras nacionales, los conflictos locales y los motivos religiosos, étnicos e ideológicos que animan a las personas que pueblan las orillas de sus cauces. Ríos que nacen en un país apagan la sed en otro, y como tales desempeñan, por definición, un papel importante en las relaciones entre los países cuyas fronteras cruzan con tanta facilidad. En las últimas décadas ha habido varios periodos en que sendos proyectos de desarrollo local relacionados con los ríos Éufrates y Tigris han puesto en pie de guerra a los Estados vecinos de Turquía, Siria e Iraq. Cuando en 1990 Turquía bloqueó el caudal del Éufrates durante nueve días para llenar el pantano de Atatürk, Iraq agrupó tropas en la frontera y amenazó con bombardear la presa. Actualmente, las tensiones se mantienen a flor de piel cuando está a punto de completarse otro gran pantano turco –la presa de Ilisu en el curso del río Tigris–, que reducirá notablemente el caudal de agua que fluye a Iraq y destruirá un patrimonio cultural e histórico milenario en la propia Turquía.

El agua es causa de conflicto en muchas situaciones, pero también tiene el potencial de unir comunidades para construir los cimientos necesarios de una paz duradera en Oriente Medio.

 

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