La conmemoración del Día Interamericano del Agua nos ha motivado a investigar aspectos relacionados con la naturaleza del agua y su relación con las religiones ancestrales del mundo entero, lo que da lugar al epígrafe arriba anotado. Y es que la simpleza de la fórmula química del agua, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, replica la enorme importancia que tiene en el desarrollo de la vida. Recordamos lo aprendido en el colegio; la fórmula del agua fue descubierta por el científico Antoine Laurent de Lavoisier, allá por 1787, autor de la nomenclatura química, quien fuera guillotinado en 1794, por los revolucionarios franceses, bajo la aseveración de que “la república no necesita científicos ni químicos”; las revoluciones siempre tendrán su amplio margen de error.

Nadie puede negar la importancia del agua, el cuerpo siente sed como el espíritu; el agua fluye por nuestras vidas desde que nacemos sumergidos en el líquido amniótico y ya en nuestros primeros años de vida se nos purifica sumergiéndonos en agua. Los ortodoxos sumergen a los niños tres veces en una pila bautismal: otras religiones bautizan por sumersión total en aguas que fluyan. Nuestra investigación nos llevó por otro rumbo, esta vez no menos apasionante: al agua sagrada. Estas palabras sintetizan el respeto universal por el elemento básico de la vida. No repetiremos en esta ocasión lo ya muy conocido del porcentaje de agua disponible, de la cantidad de personas que mueren de sed en el mundo, del porcentaje de agua del cuerpo humano y del papel que desempeña el agua en nuestra vida cotidiana, en la sociedad y en el mundo. Tampoco vamos a debatir sobre la veracidad de las predicciones de Jay Famiglietti del Laboratorio de la NASA, quien indica que la humanidad ha excedido cuatro de los nueve límites para la vida en la Tierra, que consumimos más agua que la que cae del cielo, con relación a la sequía de California. Es obvio, que todo científico tiene siempre opositores; y no falta quien esgrima que la teoría maltusiana nunca se cumplió y de igual manera, la sed no cumplirá el mismo papel que el hambre y que las novelas de Mark Twain o Charles Dickens, que reflejan a una Inglaterra con niños con hambre en el siglo XIX, contrarían la Inglaterra de hoy, respaldando el incumplimiento de la referida teoría, o de que la naturaleza y su interrelación humana autocorrigen el sistema. Volviendo al tema central, veamos la reverencia por el agua en las diferentes culturas.

El concepto de que el agua es sagrada existe en todas o casi todas las culturas y religiones actuales y ancestrales del mundo y como tal, el agua aparece como una deidad o al menos un icono sagrado. Philip Larking, escribió en 1954: “si se me llamara para construir una religión, yo haría uso del agua”; en tanto que, Mircea Eliade, decía que “las aguas son fuente y origen, la reserva de todas las posibilidades de existencia; proceden toda forma y sostienen toda creación”. Y así ha sido desde el origen de los tiempos. Así, los incas tenían su popular dios del tiempo, ILLAPA o el rayo, que crea la lluvia; Wiracocha es un dios creado ya por la cultura hispana homologando con la que ellos traían y se mezcló con el lío de la Pachamama, la creación de la humanidad con Manco Capac y Mama Ocllo y otros inventos ya muy criollos. Los aztecas tenían a Tláloc, el dios de la lluvia, la fertilidad y el agua, quien hacía descender las vivificantes lluvias desde el cielo. En tanto, para los mayas es Chaac quien golpea las nubes, produciendo truenos y lluvia. En la misma región, los indígenas del pueblo huichol, en los estados mexicanos de Nayarit, Jalisco, Zacatecas y Durango, mantienen una conexión espiritual con agua, siendo Nacawé, la diosa de la lluvia, quien a veces no escucha sus oraciones de pedido de lluvia y se producen las grandes sequías. La diversidad de lenguajes en las naciones mexicanas da origen a diversas deidades: la terminación de muchas palabras en “atl”, tiene su connotación en náhuatl “agua”, el dios mexica del agua. En esta lengua se tiene Xocoatl, o agua amarga, que dio origen a la palabra chocolate y Atlaua o Atlahua, en náhuatl “Señor de las Aguas”. Los mayas se alejaban de los pozos naturales, como el cenote X´keken de Yucatán, pues creían que los conducían al infierno; los laosianos consideran al río Mekong, la “madre de las aguas” y le rinden culto en abril. Los japoneses se sumergen en la catarata sagrada de Tsubaki, para lavar sus impurezas en un ritual sintoísta conocido como misogi shuho. En el festial Ganga Dussehra en Haridwar, lo shindúes moribundos se bañan en el río más sagrado de la India, el Ganges. Los musulmanes siguiendo lo indicado por Mahoma, de que la “limpieza es la mitad de la fe” lleva a cabo el wudu, lavándose antes de la oración. Los judíos se lavaban las manos antes de comer, más por religión que por higiene, lo que observado por el propio Jesucristo, quien los reprendió por acatar sólo órdenes terrenales. En la Santería y el Candomblé, religiones del Caribe y de Brasil se venera a los Orishas, siendo Ochún, la que representa a las fuerzas del agua dulce, en tanto que Yemayá es la diosa del mar. Vudú y cristianismo se mezclan en el tiempo: rezan a la virgen María y dan la bienvenida a los espíritus que habitan en la cascada Saut d´Eau, en Haití. En el Judaísmo, siguiendo la Torá, el agua desempeña un papel sagrado, utilizándosela en prácticas de lavado de rituales para restaurar o mantener la pureza, con el lavado parcial o total del cuerpo humano en agua “viva”, esto es un río o mar. Es común con el cristianismo la historia bíblica del diluvio universal, inundación que lavó todos los pecados del mundo.

En el cristianismo, el bautismo con agua lava el pecado original; el agua es bendecida en ritos y sacramentos cristianos, siendo símbolo de la gracia y la purificación. El agua del río Jordán es considerada sagrada y existen aguas supuestamente milagrosas, como la de Lourdes y hasta hace pocos años, en Ecuador las aguas catárticas de la Iglesia Santo Domingo o San Vicente. En el Génesis, el primero de los libros de la Biblia, se indica que el mundo cobró vida gracias a un Dios que “creó un firmamento en medio de las aguas”. Todas las culturas antiguas conocidas: la hebrea, la griega, la azteca, hablan de una inundación catastrófica que destruye la civilización y purifica el espíritu. Hydros era, en la mitología griega, el dios primordial del agua, de allí el origen de la palabra Hidráulica. En la misma mitología, Tetis o Nereida era la diosa del mar, así como Almón era una oceánida en la mitología romana. En Perú, en la cultura chimú veneraban a Naylamp. En el norte del Ecuador y sur de Colombia aún existe el pueblo awá, son más de veintinueve mil personas, que creen –o más bien, saben- que el agua viene del cielo y llena los ríos que van al mar, el cual está ubicado en el centro de la tierra. Cuando el mar se inunda, es porque Dios castiga a la gente. El agua regresa al cielo en tiempo de verano y baja de allí en el invierno. No tienen una palabra específica para el dios del agua y lo designan simplemente como taita. Los indios pima de Estados Unidos, creen en que la Madre Tierra quedó preñada con una gota de agua. Es interesante conocer que agua en kichwa se dice yaku, en tanto que en aymara, se dice uma. Juan Carlos Morales, al hablar de las deidades del agua en Imbabura, indica que esta región tiene aún a las deidades antiguas de los caranquis, parte de los señoríos étnicos quitus, pastos y cochasquis. Debemos recordar que Imbabura es una región con un alto nivel de lénticos del país, ya que existen 27 lagos y lagunas; los caranquis reconocen al monte Imbabura como el taita que entrega la vivificante agua, en tanto que las lagunas y vertientes son los elementos vinculantes considerados deidades. Si esto ocurre en el norte del país, en el otro extremo, en Loja, tenemos el valle sagrado, que da el agua que otorga la longevidad. Juan Manuel Granja nos habla del valle de la eterna juventud, Vilcabamba, región que se promociona en el exterior como un edén donde se puede vivir más de cien años en condiciones de salud plena. La promoción turística del sitio habla de las bondades del agua del valle y sus propiedades curativas, así como de la energía positiva del suelo del valle. Una empresa exporta agua embotellada de los recursos lóticos y de aguas subterráneas de unas sorprendentes instalaciones modernas que permiten envasar agua de calidad inobjetable. En un paréntesis es hora de recordar que mientras en el mundo millones no tienen acceso a un agua segura, en otros se tiene ahora, no sé si se tuvo siempre, agua gourmet y hasta existen catadores de agua y aguas para cada ocasión, similar a los vinos. Siguiendo con el análisis holístico del agua sagrada, ahora ubicándonos en Vilcabamba, conviene –siguiendo la dudosamente adecuada tendencia de algunos analistas del tema sanitarioconsiderar las investigaciones y reportes extranjeros, de National Geographics y otros. Se dice que es la quelación de minerales, esto es la absorción de los minerales del subsuelo de Vilcabamba, la que le da sus características de otorgar longevidad. Todo ello da origen también a la dieta alcalina, ya que los vegetales del valle se nutren de agua quelada. Y como ya dijimos, cada científico tiene sus opositores, hace algunos años se dijo que la edad de los ancianos del valle no era la correcta, era más o menos diez años menos.

Lo que si resulta innegable es que la región ya no es igual que hace diez o veinte años, el costo de la tierra se ha encarecido y existen ahora ciudadelas exclusivas para extranjeros y el agua de Vilcabamba ya no la podemos ver en el país. Ahora se realizan festivales de heavy rock que convocan nuevos hippies que vienen convencidos de la bondad del sistema natural, a la tierra donde, se dice, se curaron Cantinflas, Schwarzenegger y otros famosos; se realizan ritos a favor del agua y se rinde honor a la naturaleza en medio de ensordecedores ritmos modernos. Para terminar esta breve investigación y como humilde corolario, que sirve para agradecer la oportunidad que nos brinda esta prestigiosa revista para rendir nuestra pleitesía al día interamericano del agua, nos permitimos relacionar el crecimiento poblacional de Vilcabamba, con lo que ocurre en otra hermosa región del país, la península de Santa Elena, con lo que completamos un particular triangulación provincial: de Imbabura a Loja y de Loja a Santa Elena.

En esta última se está produciendo un inusitado crecimiento urbanístico, principalmente en la zona norte de la provincia: hablamos de Olón, San José, Manglaralto y Montañita. El crecimiento en la península de Santa Elena, debe estar ligado al desarrollo de los servicios básicos, pero por sobre todo, debe estar enlazado al cuidado ambiental; que no se diga después de algunos años, lo que hemos escuchado que sucedió en el país: que la tala indiscriminada del bosque seco terminó con la humedad y microclima que hacían a estas regiones altamente productivas. Tomemos como ejemplo la similar en el mismo Pacífico, Península de Osa, en Costa Rica, país rico en recursos lóticos y lénticos, pero que un gran porcentaje de sus aguas son utilizadas en hidroeléctricas, y la urbanización de la zona costera con un paisaje maravilloso se vio en algún momento afectado por la falta del “agua nuestra que está en los cielos”. 

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